Archivos de Noviembre, 2008
Política
En los pasados días tuvimos que asistir a un espectáculo lamentable en un Pleno -que no ha aparecido en la prensa-, en el que se debatía la concesión de una licencia urbanística en la calle Antonio Nicolás a un vecino que pretende incumplir las ordenanzas urbanísticas al construir en un espacio de su solar que queda fuera de ordenación, con lo que la calle quedará estrecha para siempre, en tanto que los colindantes han dejado la parte que les correspondía.
Lo primero que hemos de decir es que se partía de una situación irregular: el acuerdo que se pretendía tomar no es competencia del Pleno, dado que la concesión de licencias urbanísticas le corresponde al alcalde, pero que éste ha delegado en la Junta de Gobierno, lo que es habitual en Ayuntamientos del tamaño del nuestro. O sea, que el Pleno municipal no podía tomar el acuerdo que se nos proponía.
Aunque hemos de explicar enseguida por qué se nos hizo este “regalo”. Se nos pedía que votáramos a favor de la concesión a sabiendas de que era ilegal, para que estuviéramos tan pillados como ellos y así asegurarse que no lo íbamos a denunciar. De lo que no se acordaron es de que lo podía denunciar cualquier vecino, por ejemplo, los que cedieron parte de su solar para alinear la calle. Aunque el concejal de Urbanismo, Vicente Delgado, se atrevió a mentir al acusar al anterior alcalde de su pretensión de denunciarlo, algo que es radicalmente falso, según nos ha confirmado éste, quien se limitó a informarle del acuerdo verbal al que había llegado con la propietaria.
Hemos de aclarar en seguida que la obra en cuestión contaba con dos informes negativos: uno, el del arquitecto municipal, que aclaraba que no se le podía otorgar licencia; y en segundo lugar, el del secretario, que abundaba en lo mismo, a la vez que advertía de lo ilegal de la concesión. Y sabiendo esto, ¿tienen la cara de llevarlo a un Pleno para que “nos mojemos”, para que avalemos una decisión ilegal que no quieren tomar solos?
Como ellos tienen la competencia, si hubieran querido dar la licencia, aun a sabiendas de que era ilegal, que lo hubieran hecho. Pero, en cambio, prefirieron meternos en un callejón sin salida, en una decisión con la que siempre quedábamos mal. Si votábamos que sí, nos hacíamos cómplices de un delito de prevaricación, en tanto que ellos quedaban bien por ayudar a un vecino, favor que ya se cobrarían. Si votábamos que no (que era lo que en el fondo estaban deseando que hiciéramos para no verse ellos comprometidos), los malos de la película éramos nosotros y ellos lo habían intentado. Para dar cuenta de ello, alentaron a los afectados para que acudieran al Pleno y vieran por sus ojos el resultado. En el Pleno, para curarse en salud, nos obligaron a votar antes que ellos para saber nuestra intención; pero, al ver que no nos dejábamos engañar, dejaron el asunto sobre la mesa. Los malos, como estaba previsto, habían sido los socialistas.
Y mientras a la salida del Pleno soportábamos el chaparrón de los vecinos afectados, ellos se estaban riendo, sin duda “tristes” por el resultado. De todas formas, deberían explicar a esos señores que sólo a ellos y a una comunidad de vecinos les han impuesto una sanción económica, mientras que a otros, para obras de condiciones similares, ni sanción ni nada: pero como eran parientes, amigos o de su lista electoral…
En el Pleno quedaron meridianamente claras dos cosas. La primera, que nosotros fuimos escrupulosos con la legalidad. La segunda, que el equipo de gobierno no habían concedido la licencia teniendo competencia para ello y votos más que suficientes, es decir, que no la concedía porque no quería. ¿A qué nos quieren cargar con un muerto que no nos corresponde?
Nos parece muy bien lo de ayudar a los vecinos, pero hemos de recordar a los representantes de PP y UPL que la ley (esa que tienen tan olvidada) está para cumplirla. Y de paso afirmamos la conveniencia de ensanchar la calle Antonio Nicolás, toda vez que es Camino de Santiago y es necesario urbanizarla debidamente, ya que el dinero hace meses que lo envió la Junta de Castilla y León para ese fin; y que ha habido varios vecinos que ya se han desprendido de la parte de su solar que quedaba fuera de ordenación para conseguir ese ensanchamiento.
Aunque mucho nos tememos que quieran cometer el error de cambiar las Normas de Urbanismo para este asunto. Y de paso, aprovecharía el alcalde para conseguir lo único que demandó en el Pleno en que se aprobaron las nuevas Normas: que se le concediera una altura más en la finca donde tiene el lavadero de coches. Lo que intentaría conseguir metiendo a toda la calle Antonio Nicolás en el paquete, aun a costa de cargarse la estructura urbanística del Camino de Santiago a su paso por Sahagún. Lo primero, lo suyo.
Para eso ya se ha quitado del medio un obstáculo que le ponía freno a su intención de no respetar la legalidad urbanística de Sahagún: ha despedido -se supone que con el consentimiento de la UPL- al arquitecto municipal. Buscarán ahora uno al que puedan plegar a sus exigencias.
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